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domingo, 18 de diciembre de 2011

REFLEXIONES DE MADRE TERESA DE CALCUTA.


EL AMOR DE DIOS.




El amor de Dios es infinito, lleno de ternura, lleno de misericordia, lleno de perdón, lleno de amabilidad, lleno de consideración.
No importa el color, no importa la raza, no importa la nacionalidad, no importa la religión: hindúes, musulmanes, judíos, budistas, comunistas, cristianos.


Cada hombre, mujer y niño, es una criatura de Dios, creado a la imagen de Dios.
Y esa es la parte más hermosa. 
Al saber que hemos sido creados por la misma mano amorosa, que somos hermanos y hermanas, vemos que ese amor en acción es la realidad viviente de la presencia de Cristo.
La persona puede venir vestida con sari, o con ropa europea, o ropa árabe, no importa.
Porque Él lo dijo muy claro, "Lo que haces al más pequeño de mis hermanos, a mí me lo haces".


Jesús dijo, tuve hambre, estaba desnudo, enfermo, a mí me ayudaste. Si recibes a un niño en mi nombre, a mí me recibes. Si das un vaso de agua, a mí me lo das. "Lo que haces al más pequeño de mis hermanos, a mí me lo haces".


Es difícil de explicar... pero una vez que te das cuenta de esa Presencia, sabes que a quien estás tocando, a quien estás amando, a quien estás sirviendo, es a Jesús.

1 comentario:

  1. gracias por recordarme lo que eres y lo que soy. un abrazo

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